No más juego con la salud pública: Pa. debe prohibir los juegos de habilidad | Editorial
Resumen
La Corte Suprema de Pensilvania ha aclarado que los juegos de habilidad son esencialmente máquinas tragamonedas, y la Asamblea General del estado enfrenta la decisión de prohibir los aproximadamente 70,000 dispositivos que se han proliferado en todo el Commonwealth o seguir permitiéndolos por el beneficio tributario. El editorial sostiene que el juego ha sido una fuente de dinero fácil para los legisladores, pero que la mayor parte de los ingresos proviene de las pérdidas de jugadores recurrentes y problemáticos, cuya adicción está vinculada a la pérdida de empleo, la depresión, el suicidio, la violencia doméstica y el divorcio. Se describe la historia de la legalización del juego en Pensilvania, señalando que la Ley 71 de 2004 abrió el camino para miles de máquinas tragamonedas y que las expansiones posteriores incluyeron juegos de mesa, apuestas en línea y apuestas deportivas. Se destaca el impacto desproporcionado en poblaciones vulnerables, con estudios que muestran que el 60–90% de los ingresos de los casinos proviene de jugadores problemáticos y que el 86% de los ingresos de las apuestas deportivas proviene de solo el 5% de los apostadores. Los juegos de habilidad, que han operado en gran medida sin regulación en barrios de bajos ingresos, se presentan como un alimentador inferior en la industria del juego, vinculados al aumento de la criminalidad e incluso a la muerte. El editorial señala que una prohibición de juegos de habilidad en 2024 por el consejo de la ciudad fue anulada por el Tribunal del Commonwealth, y que el gobernador Shapiro propuso una tasa del 52% para estos juegos, mientras que fabricantes como Pace‑O‑Matic abogan por una tasa más baja. La Corte Suprema dio al legislativo 120 días para actuar, advirtiendo que la falta de acción podría hacer que los juegos fueran ilegales. El autor concluye que prohibir los juegos de habilidad es el mejor camino, pero duda que Harrisburg proteja a los ciudadanos de los males del juego.
(Fuente:The Philadelphia Inquirer)